Jabalí ( Sus scrofa )

Características morfológicas:

El jabalí (Sus scrofa) es un ungulado artiodáctilo de la familia de los suidos, grupo que en Europa incluye sólo esa especie y el cerdo doméstico. Hasta el momento se han descrito más de veinticinco subespecies de jabalí. Las poblaciones europeas corresponden mayoritariamente a la subespecie nominal (Sus scrofa). Sin embargo, en España se han descrito dos subespecies diferentes: S. scrofa baeticus, de menor tamaño y restringida al sur de Sierra Morena, y S. scrofa castilianus, que se encontraría en el resto de la península y se diferenciaría por disponer de un manto de borra bajo la capa de cerdas. La diferenciación de S. scrofa castilianus con respecto a la especie nominal europea no ha sido aún suficientemente clarificada. El aspecto del jabalí es similar al del cerdo, con el cuerpo macizo y robusto y las patas fuertes y cortas, al igual que el cuello y la cola, aunque ésta no se enrosca como la del cerdo. La cabeza es grande y se alarga hacia el morro, la jeta, que remata en un hocico plano. En los machos adultos sobresalen dos grandes caninos inferiores que se denominan colmillos o navajas. Su cuerpo aparece recubierto de fuertes cerdas de color pardo oscuro, bajo las que asoma una capa de espesa borra. El conjunto da una tonalidad muy oscura, casi negra, aunque es variable dependiendo de los individuos y de la edad. Las crías, presentan unas bandas blancas en el lomo y los laterales que les sirven para camuflarse y han dado lugar al apelativo de rayones con que se las conoce. En torno a los seis meses, dichas bandas blancas desaparecen y los jóvenes adquieren un tono rojizo homogéneo, pasando a ser denominados bermejos.

Hábitat:

La abundancia del jabalí hace que su actividad sea claramente visible en cualquier área arbolada. Especialmente evidentes son las huellas de su actividad excavadora, fozaduras, en prados, pastizales o cultivos y las señales en los charcos a donde acude a desparasitarse, restregándose en el barro. El jabalí es una especie muy cosmopolita, distribuida por la práctica totalidad de Asia y Europa, a excepción de las áreas más norteñas de clima casi boreal. Así, falta en el norte de Rusia y en la Península de Escandinavia. En las Islas Británicas su extinción se produjo hace ya dos siglos. De forma natural ocupa también algunas áreas del norte de África, principalmente Marruecos. En España está ausente sólo en las islas, siendo abundante en la totalidad de la península. Las densidades más altas corresponden no obstante al noroeste peninsular, donde viene disfrutando en las últimas décadas de un importante incremento poblacional. Se distribuye por la práctica totalidad de la región, constituyendo la pieza cinegética más frecuente, apreciada además por formar importante de la gastronomía local. Sin embargo, la cuantía de los daños a la agricultura hace necesarias medidas de control poblacional más eficaces que el incremento en la presión cinegética, medidas que pasan también por la protección de los cultivos más sensibles mediante cercas eléctricas o mecanismos similares. El incremento de la población de jabalí parece relacionarse con el sustancial abandono del campo por parte de la población rural y la reducción de tierras de labor que ello conlleva, transformadas paulatinamente en áreas de matorral utilizables por la especie. A dicho incremento contribuye sin duda la extraordinaria tasa reproductiva del animal y la escasez de predadores naturales.

Biometría:

Los jabalíes suelen sobrepasar los 100 Kg. de peso para los machos. Las hembras son más pequeñas y carecen de colmillos, teniendo en general un aspecto más grácil.

Apareamiento y cría:

Machos y hembras sólo se unen durante la época de celo, que tiene lugar entre los meses de noviembre y diciembre. Cada macho puede cubrir a varias hembras de la misma o diferentes piaras, produciéndose violentas peleas cuando se da la coincidencia de varios machos. Tras la gestación, que dura cuatro meses, la hembra pare entre dos y seis crías, dependiendo de la edad y peso de la madre. En Asturias se ha calculado una media de 5.8 fetos por hembra. Si las condiciones climáticas son buenas y el alimento abundante, el celo puede adelantarse al mes de septiembre y los partos a enero. En ocasiones se detectan incluso celos primaverales que dan lugar a partos en el mes de agosto. Los rayones maman durante tres o cuatro meses. Los machos suelen abandonar el grupo al año de edad, realizando entonces traslados de hasta cincuenta kilómetros de longitud que permiten la renovación e intercambio genético entre poblaciones alejadas. Las hembras suelen permanecer con la madre, formando piaras familiares que integran varias generaciones y son lideradas por la hembra de mayor edad.

Costumbres:

Su capacidad de adaptación a todo tipo de terrenos le permite habitar la práctica totalidad del territorio, desde la costa a los bosques de montaña, con la única condición de que existan áreas boscosas o de matorral en las que refugiarse durante el día. La dieta es omnívora e increíblemente variada, pues, aunque consuma gran cantidad de raíces suculentas y frutos secos, come también insectos, gusanos, roedores, carroña e incluso basuras, pudiendo adaptarse en cada momento al recurso trófico más asequible. Su fino olfato le permite detectar el alimento bajo el suelo, revolviendo entonces la tierra con los colmillos hasta alcanzarlo. De costumbres nocturnas se mantiene activo desde el atardecer al amanecer y descansa durante el día refugiado en áreas de denso matorral. El macho generalmente lleva vida solitaria, mientras que la hembra permanece con las crías formando una piara, que en ocasiones puede integrar varios grupos familiares.

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